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España

Durante 18 años he sido periodista. Desde que recuerdo siempre he querido contar lo que pasaba por el mundo.  Quería que todas las personas supieran qué pasaba con el mundo en el que vivían porque siempre supe que, cuánto mejor informado estuviéramos, mejor podríamos ser como sociedad.

Gracias a la dedicación a esta profesión pude tomar contacto con el mundo de la mujer. Hasta entonces, yo, la periodista, no era realmente consciente de las dificultades a las que nos enfretábamos solo por ser mujeres. Solo por no pertenecer al club dominante. De hecho, consideraba que si no conseguía aquello por lo que estaba trabajando tan duro, era porque no era lo suficientemente buena, y sin embargo, veía a mis compañeros hombres ocupar puestos y cargos y sabía que la gran mayoría no eran tan buenos ni estaban tan capacitados como yo. Pero la culpa era mía. Nunca era suficiente.

Y esto fue algo a lo que me enfrenté hace casi tres años, cuando monté la primera emisora digital destinada a la visibilidad de la mujer profesional. Fue ahí cuando, en contacto con la realidad, me di cuenta de que los estereotipos están muy metidos en nuestra mente. Me di cuenta de que las preferencias en los contenidos iban más hacia la moda y la belleza que hacia el desarrollo profesional. Todas estaban o se consideraban mujeres todo terreno-trabajaban, cuidaban del hogar, estaban continuamente decepcionadas con su cuerpo y estaban agotadas- y sin embargo muchas de ellas  decidieron que ese no era el camino. Que había que cambiar la forma en la que se espera que las mujeres nos desarrollemos en este mundo.

Y fue entonces cuando me di cuenta. Me di cuenta de que aquello que vemos como normal está marcado por prejuicios, por estereotipos que marcan cómo debe actuar una mujer, dentro y fuera de casa. Fue justo en ese momento cuando decidí que podía hacer algo al respecto: si fuera capaz de hacer ver a las mujeres profesionales su valía y que dieran el paso hacia adelante que les hiciera ser más visibles, podríamos influir en la sociedad y hacer que las niñas viesen el mundo desde una perspectiva que a nosotras se nos negó por el hecho de ser eso, mujeres.

Y a la vez el mundo evoluciona a una velocidad vertiginosa. La tecnología ha cambiado el mercado y las normas de juego de este nuestro mundo. La conectividad permanente, el desarrollo de nuevas profesiones relacionadas con esas tecnologías novedosas podría ponernos otra vez contra las cuerdas.

La tecnología se ha metido en nuestras vidas y parece que nosotras estamos al margen. Cada vez hay menos chicas interesadas en el sector STEM  y las que hay se sienten que tienen que formar parte de un clan que no es el suyo.Cometen el mismo error que cometieron nuestras madres cuando accedieron al mercado laboral: para justificar su escasa presencia actuaban como los hombres.

Puede que fuera en ese momento, o en otro. Qué más da. Lo que importa es que algo en mi interior me dijo que si quería cambiar los porcentajes en las encuestas sobre la presencia femenina en STEM y en los puestos directivos tendría que probar esa medicina. Y cambié de profesión.

Tras 18 años como periodista decidí abandonarlo todo y cambiar hacia el mundo del Big Data y la analítica predictiva. Un año de estudios, asistencia a conferencias y seminarios me ha permitido estar más metida en el mundo tecnológico y el papel de las mujeres en él.

Así que, tras un año preparándome, he podido entrar en una compañía de analítica de datos. Una empresa muy masculinizada y que se ha dado cuenta del enorme potencial que tienen como empresa si resultan ser proactivos en utilizar el saber del otro 50% de la población.

En estos momentos me encuentro inmersa en la creación de la comunidad de mujeres STEM en mi empresa. Con apoyo de la dirección, las escasas mujeres que hay en mi empresa y algún que otro hombre nos hemos puesto manos a la obra y estamos desarrollando actividades que permitan cambiar las estadísticas.

Los primeros pasos a realizar es creando una comunidad empoderada. Para ello estamos poniendo en marcha las Inspiring Talks, en donde contamos con la presencia de mujeres tecnológicas que han llegado a los puestos más altos. Esas mujeres nos inspirarán con su experiencia laboral y vital. Nos llenarán de energía para seguir en pos de un mundo más igualitario en donde es tan común ver a mujeres ocupando la C-Suite y formando parte del desarrollo de nuestra sociedad ya sea a través de las ciencias, la ingeniería, las matemáticas o la tecnología.

Pero no nos quedaremos ahí. Inspiraremos a otras niñas, chicas y mujeres para que rompan esos estereotipos y el futuro sea un lugar más igualitario.

No creamos que estamos solos en este mundo queriendo cambiar lo que no es justo. Somos muchos, pero estamos dispersos. Lo bueno es que ahora, empezamos a juntarnos.

 

Credito fotógrafo y camarógrafo: Laila El Qadi
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