Con Natú, Descubri Mi Esencia

Ecuador

Carmen Borja es la fundadora y gerente de Natú Cosmeticos Naturales en Ecuador.

¿Por qué decidiste empezar tu propio negocio?

Muchas cosas cambiaron cuando me convertí en mamá. Por una parte sentí la necesidad de buscar opciones laborales que me permitieran seguir cumpliendo mis sueños y generando ingresos para mi familia sin tener que renunciar a estar cerca de mis hijos. Durante muchos años trabajé en diversos proyectos y trabajos freelance, pero los ingresos que me generaban eran inestables.

Paralelamente a este proceso, esta nueva faceta de mi vida me llevó a buscar un estilo de vida más sano y más reflexivo. Empecé por una alimentación sana y orgánica pero luego me dí cuenta que comer bien no era suficiente. Que todo lo que pones sobre tu piel entra a tu organismo de la misma manera que si te lo estuvieras comiendo. Este descubrimiento nos llevó a cambiar muchos hábitos en nuestras vidas. Empecé a leer cuidadosamente las etiquetas de cada producto que consumíamos y me di cuenta de que lentamente estábamos contaminando nuestro cuerpo y nuestro planeta.

Al no encontrar alternativas en el mercado que satisfagan mis necesidades empecé a investigar sobre el tema y a aprender a elaborar en casa todos los productos que utilizábamos cotidianamente para nuestra higiene y cuidado personal. De esta forma, ya no solo estaba cuidando la salud de mi familia sino que también íbamos encontrando formas de reducir cada vez más el impacto negativo que causamos en nuestro planeta. 

Adquirimos una nueva conciencia de nuestro entorno que nos llevó a valorar profundamente el trabajo de los campesinos que cultivan la tierra respetando la naturaleza y sus ciclos. Nos maravillamos con la sabiduría de los saberes ancestrales de nuestros indígenas y decidimos recuperar las recetas tradicionales que usaban nuestras abuelas. Así fuimos descubriendo un nuevo estilo de vida más sabio, sencillo, sano y natural.

Este fue un proceso divertido y rico en aprendizajes durante aproximadamente 6 años. Junto con mis hijos fuimos desarrollando fórmulas, experimentando con los ingredientes, conociendo formas alternativas de cuidarnos, usando solo ingredientes que podíamos encontrar en la cocina.

De pronto, mi necesidad inicial de buscar una alternativa laboral que diera estabilidad económica a mis hijos y me permita estar cerca de ellos empezó a empatar con este proceso que veníamos experimentando, y decidimos convertirlo en un emprendimiento. Así nació Natú, nuestro proyecto de cosméticos y de productos de cuidado personal verdaderamente naturales.

 

¿Qué te hace diferente?

Natú es mucho más que un producto, es un proyecto que busca generar conciencia en torno a temas como la salud, el consumo responsable, el comercio justo y el cuidado ambiental. Y esto lo hacemos de la siguiente manera:

Las fórmulas de los productos Natú han surgido de la síntesis de saberes ancestrales y la recuperación de recetas tradicionales, consolidando una propuesta que busca volver la mirada a un estilo de vida más sabio, sencillo, sano y natural.

Nuestra materia prima es 100% nacional, extraída responsablemente y en una relación de comercio justo con sus productores.

No usamos ningún químico en absoluto. Por lo tanto nuestros productos son seguros para nuestra salud y el ambiente.

Obviamente nuestros productos no son testeados en animales.

Usamos envases de cristal para evitar la contaminación por el plástico, y lo que queremos alentar la reutilización de los envases como se hacía tradicionalmente.

Finalmente este proyecto busca también posicionarse como un espacio para que mujeres de diversas edades y situaciones puedan encontrar una oportunidad laboral que se adapte, especialmente, a nuestras necesidades como madres.

 

¿Por qué el empoderamiento de la mujer es importante para ti?

 Pues otro aprendizaje importante que se intensificó al convertirme en mamá es que las mujeres aún debemos enfrentarnos a condiciones muy desiguales en nuestro día a día. Hemos conseguido con esfuerzo espacios laborales, pero en casa seguimos aun cargando con la mayor parte de las responsabilidades. La sociedad parecería ser más reflexiva pero en los hábitos cotidianos y en el lenguaje persiste una arraigada mentalidad machista. Todavía se considera que un hombre es un gran papá si “ayuda” con el cuidado de los hijos. Cuando tengo que viajar o trabajar me preguntan con quién encargo a mis hijos (pregunta que nunca se la haría a un hombre), y así podríamos encontrar muchos más ejemplos de esta mentalidad arraigada en las percepciones y acciones, incluso de manera automática e inconsciente.

Por eso me resultaba indispensable generar este espacio para mí y para otras mujeres. Un espacio con reglas distintas. Un espacio en el que nuestros hijos sean siempre bienvenidos para acompañarnos y con la suficiente flexibilidad de horarios como para que podamos organizar nuestro tiempo y adaptarlo a nuestras diversas situaciones y necesidades.

 

 

Credito fotógrafo y camarógrafo: Carmen Borja

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